Por Alba · Equipo profesional de Apoteca Plus
«Estoy estresado.» Lo decimos tanto que casi ha perdido el sentido. Lo usamos para una semana con mucho trabajo y también para esa sensación de fondo, más pesada, de llevar meses funcionando con la reserva. Y no son lo mismo.
El estrés tiene un interruptor de apagado
El estrés, en sí, no es el villano. Es la respuesta de tu cuerpo ante una exigencia. Te activa, te pone en marcha y, cuando la situación pasa, te apagas y te recuperas. Pasas un par de semanas a tope, llega el fin de semana, desconectas y el lunes vuelves con el depósito más o menos lleno. Eso es estrés, y funciona como tiene que funcionar.
El agotamiento es cuando el depósito ya no se llena
La pregunta que de verdad lo distingue es: ¿el descanso te repone?
- Si después de un fin de semana o unas vacaciones vuelves con energía, aunque sea a medias, es estrés.
- Si vuelves de las vacaciones igual de vacío que te fuiste, eso ya no es estrés. Es agotamiento.
El agotamiento suele venir acompañado de tres cosas: un cansancio que no se quita durmiendo, una especie de distancia o cinismo hacia lo que antes te importaba, y la sensación de que hagas lo que hagas no es suficiente.
Cuándo dar el paso de pedir ayuda
Si te reconoces en el agotamiento y se mantiene en el tiempo, hablarlo con un profesional no es un fracaso ni una exageración. Especialmente si notas que el ánimo se va hundiendo, que pierdes el interés por cosas que antes disfrutabas, o que la cabeza te juega malas pasadas: no esperes a tocar fondo.
Este contenido es informativo y no sustituye la atención psicológica profesional. Si el agotamiento se mantiene y afecta a tu día a día, buscar ayuda de un profesional de la salud mental es un buen paso.





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